El cráter Rustaveli de Mercurio

9 septiembre 2019

Al estudiar las rocas en el interior de cráteres de impacto como el de la imagen, la becaria de investigación de la ESA Joana S. Oliveira ha descubierto que la ubicación del campo magnético de Mercurio ha cambiado a lo largo del tiempo de manera sorprendente.

Al igual que sucede con la Tierra, Mercurio tiene un núcleo de metal líquido cuyo movimiento genera un campo magnético. En nuestro planeta, los polos norte y sur magnéticos se desplazan entre 10 y 60 kilómetros al año, por lo que la orientación del campo magnético se ha invertido más de cien veces en sus 4.500 millones de años de historia.

Joana empleó datos de la misión MESSENGER de la NASA, que orbitó Mercurio entre 2011 y 2015, para intentar comprender mejor la historia magnética del planeta más cercano al Sol. Los resultados del estudio contribuirán a las investigaciones que llevará a cabo la misión conjunta BepiColombo de la ESA/JAXA que llegará a Mercurio en 2025.

Los científicos utilizan las rocas para estudiar la evolución de los campos magnéticos planetarios. Resultan especialmente útiles las rocas volcánicas creadas por el enfriamiento de lava, así como las rocas que se funden durante grandes colisiones. A medida que las rocas se enfrían, el material magnético contenido en ellas se alinea con el campo magnético del planeta en ese momento, preservando su dirección y posición como si fuera una instantánea.

Joana y sus colaboradores emplearon observaciones de cinco cráteres con irregularidades magnéticas. Aquí vemos uno de ellos, denominado Rustaveli y situado en el hemisferio septentrional. Se sospechaba que estos cráteres se habían formado en un momento en que la orientación del campo magnético del núcleo era distinta de la actual. Los investigadores modelaron el antiguo campo magnético de Mercurio basándose en los datos de los cráteres para calcular las posibles ubicaciones de los polos en el pasado.

Descubrieron así que se encontraban lejos de la posición actual y que podrían haber cambiado a lo largo del tiempo. Esperaban que los polos se acumulasen en dos puntos cercanos al eje rotacional de Mercurio, en los polos norte y sur del planeta. Sin embargo, los polos se hallaban distribuidos aleatoriamente y siempre se encontraban en el hemisferio meridional. Los polos antiguos no se alinean con el actual polo norte magnético de Mercurio ni con su sur geográfico, lo que indica que el campo magnético dipolar del planeta se ha trasladado. Los resultados también sugieren que el planeta podría haberse desplazado a lo largo de su eje, en un evento denominado “deriva polar verdadera” en el que cambia la ubicación geográfica de los polos norte y sur. 

Aunque no es raro que cambie un campo planetario, los nuevos resultados refuerzan la idea de que la evolución magnética de Mercurio ha sido muy distinta de la de la Tierra. Los dos orbitadores científicos de la misión BepiColombo obtendrán datos únicos del campo magnético y probablemente reducirán las conclusiones del estudio, a la vez que nos ayudarán a poner en contexto la evolución magnética de nuestro propio planeta.

La nueva investigación está publicada en la revista Journal of Geophysical Research de la Unión Geofísica Americana (AGU).

En el blog de la AGU se puede leer una reseña del artículo.

Más información sobre las becas de investigación de la ESA (la fecha límite de solicitudes es el 1 de octubre).

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